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Blog de Salvador Dangla

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El Blog de Salvador Dangla

“Reinventarse”

 

Equipo High End

Equipo High End

¡Casi tres meses! Sí, de nuevo, el tiempo y mi propia dinámica de trabajo -¡el puto purismo!- me han jugado una mala pasada. Casi tres meses llevo sin renovar mi presencia en este espacio de reflexión, que, a su vez, sigue estando falto de un ritmo adecuado, léase el exigido por la inmediatez –y, en cierto modo, la banalidad- inherente a Internet. Por suerte, del mismo modo que en la Red es posible hundirse de un día para otro, igual de cierto es lo contrario. Así que vuelta a empezar con nuevo –y espero que esta vez firme- propósito de enmienda porque, por fortuna, en el fascinante universo del audio de alta calidad –menos en el del vídeo, aunque últimamente también se ha puesto muy interesante- siempre hay temas que comentar gracias a la particularísima personalidad de que quienes creen en él, a menudo ligados a su afición de por vida.

¿Y de qué hablar en esta entrega veraniega? Tengo anotado que fue a principios del pasado mes de mayo cuando escribí por última vez sobre mis impresiones acerca de las famosas “mentiras de la Hi-Fi”, y la verdad es que podría continuar con las que todavía falta por comentar –bastantes- para “reconectar” con ustedes. Pero, cosas de la vida, hace unos pocos días un buen amigo de los que gustan participar en foros –yo no lo hago porque ir por la vida con la cara cubierta no es lo mío- me comentó que en uno de Audio Planet –en el que hay de todo pero personalmente considero más que decente pese a que me dejo caer por allí muy de vez en cuando- en el que se hablaba sobre la inaceptable e inexcusable “no periodicidad” de la ya fenecida AVPremium –aprovecho para disculparme ante quienes se pudieran haber sentidos molestos/engañados; en su momento daré la debida explicación sobre por qué renuncié voluntariamente a continuar haciendo “mi” revista- se vertían una serie de comentarios sobre mi persona entre los que seleccioné uno para titular las presentes líneas. El caso es que uno de los participantes en el foro decía que un servidor de ustedes “vivía todavía en los tiempos de la revista Alta Fidelidad y no había querido o podido reinventarse”.

Estuve pensando sobre ello y sobre lo fácil que es hablar sin conocimiento de causa. Cierto es que con la irrupción de Internet todo ha cambiado –en general para mal- para la prensa especializada de todo el mundo. Todo, en efecto, se ha complicado para quienes tenían su existencia profesional cómodamente organizada en los tiempos que marca un sector cuya estacionalidad a nivel comercial dudo que jamás se pueda cambiar. Cierto es también que ahora se tiene que estar “dando de comer” –el problema es que los “fiscalizadores” de turno todavía no entienden de valoraciones cualitativas- a la web de turno con regularidad, idealmente a diario, cosa esta última en la que intentaremos poner orden en lo que a tualtafidelidad.com se refiere después de casi 1 año de “entrenamiento”.

Pero al final, si de verdad se quiere influir o, por lo menos, ayudar a que un amante del buen sonido disponga del bagaje suficiente de elementos de valoración para tomar una decisión de compra acertada lo que importa es lo que se conoce como “opinión cualificada”. Y esto me lleva directamente a lo de “reinventarse” porque, claro, si uno ha seguido durante más de 40 años –35 de ellos con regularidad y “bebiendo” de las mejores fuentes disponibles en inglés y francés- los cambios acaecidos en el mundo de la reproducción musical de alta calidad se dará cuenta de que en realidad no han sido tantos. Porque, y ahí es a donde yo quería ir, no es lo mismo la revolución a escala global aportada por Internet, primero con el desastre del MP3 –cuyos efectos aún colean en la operativa mental de millones y millones de consumidores- luego con las descargas y el llamado “Computer Audio” –servidores incluidos- y finalmente con el “streaming”, que lo que realmente buscan las personas para las que todo esto importa, que a la postre son las que siguen comprando revistas impresas y dan vida a un montón de páginas web.

Volviendo a la antes citada AVPremium, me llamó la atención que más de un “forero” hiciera referencia a los pocos artículos “de interés” publicados por la misma. Pues les voy a decir una cosa: o todos los audiófilos/puristas varios del país son doctores en ciencias varias o sencillamente tales comentarios se vierten en plan brindis al sol o simple y llanamente por la mala costumbre patria de considerar todo lo que se hace aquí menos válido que lo que se hace fuera. Les diré aún más: durante la primera mitad de la década de los noventa se me pidió que tradujera una serie de bancos de pruebas publicados en revistas como las estadounidenses Stereophile y The Absolute Sound. Se trataba de artículos bastante largos, con una parte técnica –medidas de laboratorio incluidas- separada en el caso de Stereophile y cien por cien descriptivos en el caso de The Absolute Sound. Pues bien, les aseguro que en la mayoría de casos las “novelas” que soltaba el personal eran de aúpa, a la vez que en los comentarios técnicos se intentaba –con éxito desigual- buscar la mayor correlación posible con las pruebas de escucha. Además, en dichas publicaciones –que, eso sí, siempre han tenido cobertura planetaria como consecuencia de su origen estadounidense- casi nunca se mostraban fotografías del interior de los aparatos, cosa que sí se hace siempre en las publicaciones especializadas de Alemania y Japón y cada vez más en las británicas. ¡Vamos, que ni tanto ni tan poco!

En fin: hay que ponerse al día, cierto, pero lo de reinventarse en un campo tan conservador y subjetivo como el nuestro hay que cogerlo con pinzas so pena de que el remedio sea peor que la enfermedad. Hay, eso sí, que ponerse de una vez por todas a la hora de Internet periodísticamente hablando, pero, como me reconoció un profesional de una firma importadora de renombre de nuestro país, el hecho de que ahora mismo de sus productos se hable en mil sitios no ha hecho que se venda ni una unidad más.

 

Salvador Dangla en Japón

Salvador Dangla, en un comercio de Akihabara en Tokio, Japón



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