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Sexta entrada del blog

Sexta entrada del Blog de Salvador Dangla

“Sonido multicanal monofónico”:

el cachondeo de las potencias de salida en A/V

Sexta entrada del Blog de Salvador Dangla

 

Salvador Dangla opina sobre el mundo del audio en nuestro país

Las opiniones del experto en High End Salvador Dangla

En primer lugar, les debo una disculpa por mi ausencia porque un Blog como el presente debería publicarse cada 10 días, no cada mes. Pero, para serles sincero, necesitaba poner orden en el ámbito “revistero” de mi vida profesional después del desastre de AVPremium –no la revista, preciosa y muy decente, aunque no la echo de menos, sino la mediocridad inmensa que había a su alrededor; puedo ser un romántico, pero no, por lo menos no aún, un gilipollas- y creo que ese momento ya ha llegado. Así que para retomar el más personal de mis espacios “mediáticos” he intentado buscar un tema de permanente actualidad que de un tiempo a esta parte está tomando un aire grotesco: las rocambolescas especificaciones de la potencia de salida que la mayoría de fabricantes publican sin la más mínima vergüenza en las fichas técnicas de sus electrónicas integradas –y, en menor medida, también etapas de potencia- destinadas al Cine en Casa (aunque también en no pocos modelos estereofónicos). Rocambolescas porque, por desgracia, nuestro sector también se ha dejado llevar por la componente “sexual”, léase el célebre “el tamaño sí importa”, que últimamente lo invade todo. El problema es que tal operativa influye directamente en las prestaciones de los productos y por tanto en la satisfacción o no satisfacción que obtiene quien los adquiere. Me explico: imaginemos que queremos saber la velocidad punta de un determinado automóvil y en el pertinente catálogo leemos 200 kilómetros por hora. OK, hasta aquí vamos bien. En principio, parece que tal cifra es honesta, nos la creemos y punto. Pero resulta que hay un pequeño asterisco al lado del 200 y en el pie de página leemos lo siguiente: “con pendiente del 100%, viento a favor, una sola persona de 75 kilos de peso a bordo, con el maletero vacío y el motor a punto de romperse”. Y esto, queridos amigos, es decididamente poco serio, hasta el punto de que a cualquier fabricante que osara publicarlo se le caería el pelo de inmediato. Pues en audio doméstico se hace de manera generalizada y con muchísimos nombres ilustres apuntándose a la juerga. Tanto, que uno se pone casi de mala leche cuando ve que lo que hay, aun siendo bueno/no siendo malo no es de ningún modo lo que parece. Porque, claro, la potencia debe ser la real, “de verdad”, en las condiciones de trabajo más “duras” –léase exigentes- posibles y no las más “blandas” o “facilonas”. Esto nos lleva directo al título del presente Blog porque se supone que cuando visionamos una película en un sistema 7.2, ergo con 7 cajas acústicas pasivas –porque los dos subwoofers del “0.2” los presuponemos activos- y otros tantos canales de amplificación, la totalidad de dichas cajas funcionan al unísono. De acuerdo, algunas –en principio las tres frontales- con mayor nivel que otras, pero en cualquier caso siempre funcionando todas. Por lo tanto, que nos digan que un receptor de A/V entrega 200 vatios y a continuación nos especifiquen “con un solo canal excitado” es para cortarle los huevos al que lo ha escrito, más que nada porque el pobre usuario que crea haber adquirido una electrónica teóricamente capaz de entregar 1.800 vatios se dará cuenta de inmediato de que su sistema igual se “ahoga” en los picos dinámicos durante una sesión de escucha a volumen elevado (que en principio es lo normal en la mayoría de películas, como mínimo las de acción). Pero es que aquí no se acaba la juerga porque, no contentos con especificar ese surrealista “con un canal excitado” (algunos fabricantes son más modositos y ponen “con dos canales excitados”, con lo que ahora ya tendríamos “sonido multicanal estereofónico”… algo es algo), la cosa se complica todavía más al especificar “a 1 kHz”, tema también gravísimo porque se supone que nuestro amplificador va a reproducir todas –es decir cada tono fundamental con sus armónicos- las frecuencias del espectro de audio, léase entre 20 y 20.000 Hz, no una sola. Además, al ser nuestro sistema de audición esencialmente no lineal, lo de “1 kHz” raya de nuevo la tomadura de pelo supina. Luego hay fabricantes –aquí la lista ya se reduce- que exhiben impúdicamente las especificaciones de potencia acompañadas de tasas de distorsión superiores al 1% cuando en audio de alta calidad –esto vale tanto para estéreo como para multicanal- no habría que aceptar nunca cifras superiores al 0’1-0’2%. Ya para cuadrar este círculo kafkiano, no está de más recordar que algunos fabricantes acompañan todo lo dicho con una determinada impedancia -por lo general 4 ó 6 ohmios- que permita hinchar todavía más la potencia de salida porque, claro, el consumidor de a pie no sabe –ni tiene por qué saberlo; para algo están los especialistas que se supone le ayudarán a efectuar su compra- que una potencia “x” a 4 ohmios se reduce sensiblemente cuando dicha impedancia aumenta a 8 ohmios, que suele ser el valor más común entre las cajas acústicas utilizadas en aplicaciones domésticas. Por cierto: en todo lo que he comentado he dado por supuesto que las cifras de potencia se referían a valores continuos o RMS, no de pico, porque en caso contrario apaga y vámonos.

Recapitulemos, pues, para entender mejor la envergadura del desastre: la potencia de salida DEBE ser en vatios continuos por canal, con TODOS los canales excitados, con una tasa de distorsión máxima del 0’1% y, a ser posible, sobre cargas de 8 ohmios. Esto significa que el amplificador de nuestro ejemplo debería albergar un “motor” que le permitiera entregar exactamente 1.800 vatios, idealmente incluso un 10-20% más para satisfacer picos bestias de grabaciones particularmente “decibélicas”. Es fácil llegar a la conclusión de que son muy pocas las electrónicas multicanal que cumplen las anteriores exigencias, aunque haberlas haylas. ¿Cómo identificarlas? Muy fácil: las cifras de potencia mencionadas exigen que haya un “motor” con unas características concretas, y en audio tal “motor” es la fuente de alimentación, en especial el transformador. Por lo tanto, cuestión de investigar si en el encapsulado o la zona superior del transformador principal de nuestro ampli se especifica algo del tipo “1.800 VA”. Ya les adelanto que en el 98% de los casos la respuesta será negativa, correspondiendo el 2% restante a marcas que en el caso de productos de consumo destinados al Cine en Casa se refiere llevan toda su existencia precisamente luchando contra el fraude de las potencias de salida (NAD y Rotel serían las más veteranas y significativas). ¿Qué hacer, pues? Muy fácil: mentalizarse de que la potencia REAL es más o menos la mitad de la que nos quieren vender y actuar en consecuencia a nivel de sensibilidad de las cajas acústicas (eligiendo modelos de sensibilidad más alta, aunque no mucho más alta porque en algunos casos ello podría comportar un aumento de la distorsión) o las dimensiones de nuestra sala.

Concluyo mi “discurso” recordándoles que cada una de mis dos etapas de potencia monofónicas Krell KAS 2 –el año que viene cumplen 20 años en mi poder; una única avería en una de ellas en el 98- alberga debajo de su capó un transformador toroidal de 5 KVA (sí, 5.000 VA) para que entregue sin arrugarse 180 vatios continuos a 8 ohmios y aguante lo que le echen.

¡Nos vemos de nuevo en diciembre!



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